miércoles, noviembre 11, 2009

SHAKIRA: QUÉ COÑO ESTÁS DICIENDO O CUANDO ES PREFERIBLE IGNORAR

Ayer iba en un taxi. Normalmente los taxistas llevan en la radio emisoras de úlcera sangrante: este gobierno nos lleva la ruina, tendremos otra guerra civil como en el 36, dentro de poco los inmigrantes se harán con el país y acabaremos todos con barba y turbante y ellas con burka, los jóvenes sólo piensan en follar, drogarse y abortar, por este orden o por el contrario y demás soflamas de este calibre. No sé la razón por la que entre la población taxista existe tanto ultra, debe ser la presión del escroto. Esto merece otro estudio como aquel post de enero del 2007 titulado PRESIÓN SACROLUMBAR E INTERVENCIÓN DIRECTA de este mismo blog (siempre me han dicho que autocitarse es de mala educación, a la mierda, si no me cito yo quien me va a citar si no). El caso que este taxista debía llevar cojín en el escroto porque tenía puesta una radio fórmula, tipo los cuarenta insoportables o algo parecido. Sonaba un enjendro, un pastiche, una especie de hez musical que tenía un aire un tanto ochentero, un aire fétido, bien entendu. Era Shakira, probablemente el mayor atentado musical de la historia, con su voz tan gutural, tan impostada, tan grandilocuente ¿Qué te has tragado tía? Qué asco, joder. Y claro que ocurre cuando alguien canta con una voz que no es la suya, pues que no se le entiende una mierda ¿Qué carajo dice Shakira en esa cosa llamada LOBA? (Creo que se llamaba así, porque era lo único que se entendía).

Cándido de mi, nada más bajar del taxi, pensé que esa canción era tan rematadamente mala que la letra, por fuerza querría decir algo interesante, algo profundo, algo que nos saque de este ensimismamiento finisecular que nos atenaza y que para evitar el latigazo social, esta petarda, cantaba con voz de bobalicona para que no se entendiera en primera instancia y tener que recurrir a la lectura , que como todo el mundo sabe, requiere una actividad intelectual más reflexiva y atenta. Así pues, busqué por internet la letra. En qué mala hora, no se os ocurra hacerlo. La lectura de la letra de esa cosa, fue la experiencia más desagradable de mi vida. Hubiera preferido la ignorancia, ahora oigo la cosa esa en todas partes y encima reconozco la letra. HORROR.

Como decían los curas, algunas veces la felicidad del ignorante es más recomendable que la pesadumbre del informado. Cuánta razón padre, pero sólo fue la puntita, dicho sea de paso.

martes, noviembre 10, 2009

EL INCREíBLE HOMBRE RECIDIVANTE


¡Qué barbaridad! Este debe ser el único blog que se actualiza de noviembre a noviembre. Bueno, tengo mis justificaciones. Después de la declaración sobre aquello que pienso de mi trabajo, es decir del trabajo de los demás que a veces me piden que valore, lo cual me subleva y me enerva. He de decir que desde el noviembre del año pasado los tóxicos retornan, intentando parar mis recaídas o como dicen los médicos las recidivas. Siempre he sido obstinado, pesado, diría yo, porqué mis células, que en realidad soy también yo, no habrían de serlo también. Mi médico las llama recidivantes.



Lo que más me jode de todo esto es ciertas personas que me llaman y me preguntan ¿Qué tal? Y yo respondo con la cortesía propia de estos casos: muy bien ¿Y tú? Esto ya les descoloca ¿Cómo que y tu? ¿Cómo que muy bien? Se supone que un enfermo de mis características debería responder: Aaaayyyyy no lo puedo soportar o porqué no directamente COME, PLAY WITH MY, FOR EVERRRRRR, como las gemelas Grady en The Shining. Algún día les diré, lo siento, pero estoy bien, bebo el Whisky de siempre y tengo los mismos pensamientos obscenos de siempre, pero no con las de siempre, es decir, como siempre. Cuando me ven por la calle, esperan encontrar un tío flaco y sin cejas, pero ven al mismo capullo. Además, yo creía que con esto se ligaba un montón por toda esa patraña del instinto maternal de las tías. Todo falso. Mira que yo me lo monto bien, pongo cara de corderito degollado y digo que me duele (falso), que antes de irme para siempre me gustaría cumplir tantos sueños (sueños porno porsupuesto y que el Athletic Club de Bilbao gane la Champions), que dame la mano y verás dónde tengo mis células recidivantes, aquí ya se mosquean y nada de nada. Seguramente detrás de mis ojitos apenados ven al mismo cabrón.
Por todo ello, no os aconsejo este tipo de enfermedad, es una mierda, sólo tiene inconvenientes.
Foto: Elena Rulán

miércoles, agosto 19, 2009

EL ELEFANTE ENAMORADO DEL DISEÑO

A los profesores de artes plásticas y diseño se nos plantea la siguiente circunstancia: valoramos el trabajo de un alumno, evaluamos, llamémosle como queramos, el caso es que miramos un proyecto y emitimos un juicio valorativo. Así pues, existe digamos un artefacto visual (en el caso de diseño gráfico, aunque se puede aplicar a cualquier especialidad) y ante ese artefacto, se emite la evaluación. Resulta impecable, observación del artefacto y emisión de juicio valorativo, teniendo en cuenta los elementos de juicio propios de nuestro objeto de estudio ¿Qué problema, o quizá oportunidad fascinante tenemos aquí? Si planteamos la cuestión así, desde luego ninguna. Pero, nada más que por enredar, imaginemos que el artefacto evaluado lo es de forma desfavorable, eso sí con los elementos de juicio propios de nuestro objeto de estudio. El alumno, ante el juicio desfavorable, consulta con otro profesor, pide una segunda opinión y resulta que, con los elementos de juicio propios de nuestro objeto de estudio, la valoración del artefacto esta vez, resulta favorable. Consecuencia de este, digamos choque de pareceres, es que el alumno entra en crisis, despotrica contra los profesores y piensa que el juicio desfavorable era un juicio emitido sin los elementos de juicio propios de nuestro objeto de estudio y sí con muchos prejuicios. Esta historia les sonará a muchos, no es extraño que ocurra y seguirá ocurriendo siempre. Pero realmente ¿Esto es un problema?

Ante una ciencia sin asideros positivos, sin números, sin magnitudes, sin mensurabilidad posible, resulta siempre mucho más difícil la evaluación. Una compañera profesora de proyectos se lamentaba de no haber estudiado Ciencias Exactas, así si un alumno le dice que dos y dos son cinco, simplemente se le suspende y a otra cosa. Pero, en nuestro objeto de estudio puede ser que dos y dos sean cinco. Es más, lo más probable es que sean cinco. Como vemos, el problema epistemológico, el ensimismamiento de nuestra disciplina, cada vez resulta menos problema y más una oportunidad. Así ante una ciencia como la nuestra, inconmensurable, se pueden adoptar dos posturas:

a) Creación de un corpus analítico de mensurabilidad: algo parecido a lo que hace la Ciencia Económica, que pese a ser una ciencia social y por tanto, sujeta a vaivenes difícilmente previsibles, analiza con instrumentos numéricos los fenómenos propios del consumo, la oferta, etc. El problema de este corpus, en cierta forma prestado, es el perder de vista que los resultados de ese aparataje analítico, no son ni mucho menos comparables a los resultados que se obtienen en el análisis de otros objetos de estudio susceptibles de análisis numérico, como por ejemplo los de las Ciencias Naturales. Pensemos, utilizando de nuevo la ciencia económica y sus curiosas peculiaridades, que para estudiar determinada variable económica, resulta imprescindible el ceteris paribus, es decir mantener constantes las demás variables que la influyen, en otras palabras, olvidarse de que una variable, en la ciencia social, no es constante, ni previsible, ni modulable por otras innumerables variables más. Ante este tipo de análisis, muchos pueden entender las causas de la crisis económica o aquello que se dice de que los economistas son los que mejor predicen el pasado. Cualquier economista nos replicaría y con razón, afirmando que los análisis económicos no son como un análisis de sangre. Esto es verdad, pero también es verdad que la utilización de instrumentos analíticos positivistas en el análisis de los comportamientos sociales, merece por lo menos una bonita y divertida discusión (destruir verdades universales siempre resulta excitante). Esta discusión se está produciendo efectivamente en muchos departamentos universitarios, pero esto ya no es problema nuestro, a no ser por su utilización como ejemplo. Así pues, ante la imposibilidad de la mensurabilidad, podemos hacer un simulacro de mensurabilidad positiva, es decir, imaginar que un proyecto se puede medir para su evaluación científica, positiva y sobre todo, intersubjetivamente certificable por todos los miembros de la comunidad científica, en este caso, los profesores de artes plásticas. Efectivamente sería muy confortable y nadie discutiría nuestras evaluaciones. Algunos profesores, ante la inestabilidad de nuestro objeto de estudio, así lo hacen y crean complicados cuadros en los que numéricamente se intenta sistematizar los elementos de juicio necesarios para la evaluación. Intento muy respetable, el problema es que, este profesor puede tener esa taxonomía valorativa y otro puede tener otra diferente e igualmente respetable y válida. Es decir, no está intersubjetivamente certificada. Así, el problema no es la taxonomía en sí, el problema es creer que con esa taxonomía de criterios, absolutamente subjetivos, hemos creado la “madre de todos los criterios de valoración de proyectos” y por otro lado, el choque de pareceres descrito más arriba podría producirse igual. Otra cosa sería que hiciéramos un congreso, simposio, reunión o terapia de grupo de profesores de artes plásticas para quedar de acuerdo en adoptar una taxonomía única de valoración. A mi juicio, llegar a un acuerdo sería absolutamente imposible y si llegáramos a un acuerdo la labor del profesor, no sólo sería aburrida, sino también totalmente prescindible. Por otro lado, esa supuesta taxonomía de consenso, no sería más que algo decidido por unos cuantos y no una adquisición natural, así pues, otros cuantos podrían derribarla y construir una nueva, por lo tanto no hemos solucionado nada y la inestabilidad epistemológica continua intacta. En otras palabras, no se trata de construir un palo de oro, guardarlo en una urna en París y proclamar a los cuatro vientos: “esto es un metro y lo que mida lo mismo que este palo de oro, mide un metro”. Desgraciadamente, para nuestra compañera matemática frustrada, nuestro problema resulta un tanto más complicado.
b) No evaluar el artefacto sino el camino seguido para su construcción. Como primera providencia, afirmar que la postura “b” ante la inestabilidad científica, es tan complicada como el propio objeto de estudio que pretende evaluar; es poco confortable y sobre todo no es, de suyo, intersubjetivamente certificable, porque tampoco pretende serlo, en otras palabras, la postura “b” no es una receta de evaluación, como las taxonomías un tanto carpetovetónicas, a la par, que inanes de la postura “a”. Además, por su propia naturaleza, no se puede compartir con otros profesores, no tiene vocación intersubjetiva. No se valora el artefacto final, por ello, las opiniones de otros miembros de la comunidad científica son opiniones sobre el artefacto, muy útiles y respetables, pero no producto de la evaluación. Eso sí, por lo menos, en su sólo aparente caos, se parece más al objeto que evalúa y sobretodo tiene una ventaja que se traslada no sólo a la evaluación, sino también al desarrollo de la labor docente y al desenvolvimiento general del alumno ante la disciplina. Esta ventaja principal es la eliminación de la necesidad de recetas, una plaga muy perniciosa para el desarrollo científico de nuestra disciplina: el recetario. Evidentemente, no estamos hablando aquí de la eliminación total de la creatividad que supuso los manuales de taller medievales, auténticos recetarios para la construcción de artefactos visuales, tan cerrados, que efectivamente daba igual quien construyera el artefacto ya que, por fuerza, tendrían que ser iguales. No estamos hablando de esto, pero algo sí que se parece. Los alumnos nos piden recetas ¿“cómo se hace esto, qué tengo que hacer para conseguir este efecto”? Son hombres y mujeres del siglo XXI, rápidos, y nosotros los profesores, hombres y mujeres del siglo pasado, intentamos darles las recetas y en la mayoría de las ocasiones, lo que hacemos es darles unas recetas más atentas a rellenar las taxonomías de la postura “a”, que al aprendizaje, es decir, no recetas para crear, sino para aprobar en el bien entendido, que es para aprobar con nosotros y no con otro profesor que, con toda probabilidad, tendrá otras recetas. Así pues, los recetarios demandados por los hombres y mujeres del siglo XXI, no fomentan la creatividad, sino un anquilosamiento impropio del siglo XXI y sobre todo, impropio de nuestra disciplina que en su conformación como ciencia del hombre que es, no debe, ni puede, someterse a encasillamientos ni a las estrecheces de los recetarios. Debemos ser conscientes, aquí no hay nada establecido, en nuestro objeto de estudio, no hay ninguna adquisición natural, ninguna verdad universal, los manuales pueden indicar que, por ejemplo, la utilización de determinado color proporciona determinado efecto psicológico en el espectador, pero esto es así, porque así se ha decidido convencionalmente y no porque sea verdad y que muy probablemente utilizar ese mismo color, para poner en crisis esa supuesta verdad, es altamente recomendable. Esta es la actitud que nuestra labor docente debe suscitar, la crisis, el cuestionamiento, la discusión y el derribo conceptual de las convenciones; las recetas y la postura “a” fomentan todo lo contrario. Las verdades, si las hay, conviene desmentirlas, aunque sea nuestra verdad. Alguien dirá, sí, muy bonito pero ¿Entonces, qué hacer para evaluar, si no tenemos elementos de juicio, ni verdades, ni procedimientos ciertos? La respuesta es simple no evaluar. Esto sería genial, pero se propone por lo menos, no evaluar lo que normalmente evaluamos, esto es, el resultado final, el artefacto resultado de la aplicación de nuestras verdades, el trasto visual producto de nuestras taxonomías. Como postura radical, esto es, la mía, sería partidario ni de mirar el artefacto. Se trata de evaluar el camino, el trayecto que se ha seguido para fabricar el trasto y no el trasto en sí. Por lo tanto, ningún profesor o profesora, que no sea el profesor o profesora que ha acompañado al alumno o alumna en ese camino podría evaluar su trabajo, porque simplemente no lo ha acompañado y por lo tanto tendría que evaluar el artefacto y esto, a mi juicio, no es una evaluación, es una opinión, una opinión experta si se quiere, pero nada más. Podría pasar incluso, que un artefacto a, que sobre la base de nuestros recetarios y taxonomías sea mejor que otro artefacto b, obtenga menos nota. En principio, alguno pensará que esto sería un hecho escandaloso y que los alumnos protestarían porque el artefacto a, era mejor que el artefacto b. Siempre intento evaluar con la postura “b” y jamás he tenido una queja de alumno alguno, diciendo que su artefacto, con perdón, es mejor que el del otro, porque desde el principio saben que el resultadismo, lo dejamos para el equipo de fútbol de nuestros amores, aquí se valora el regate, aunque no acabe en gol. Alguno podrá alegar también, que es una forma de evaluar muy alejada de la vida real, en el que el resultado es lo principal. Cierto, pero también hay una circunstancia que conviene señalar, no hay diseño más efectivo que aquel que nace del cuestionamiento propio y no de la aplicación de las normas de “toda la vida”. El artefacto que se extrae de ese cuestionamiento, es un artefacto visual que defenderemos con la mejor de nuestras técnicas de comunicación, es nuestro y sólo nuestro. Esto es infinitamente más práctico que la practicidad falaz que supone la aplicación de las recetas o, dejémonos de subterfugios, la satisfacción del profesor de turno fabricando un artefacto de “su gusto”, de aquellos que creen que “su gusto” es “el gusto”.

Se trata de evaluar un trayecto y no hay recetas, no hay taxonomías, no hay sistematización posible, se trata de avanzar, de parar, de dar pasos hacia atrás y de comenzar de nuevo, se trata, como decían los futuristas de derribar para construir. Debemos suscitar esa labor de derribo, proporcionar al alumno un buen mazo y cargarnos todo lo que se sostiene, porque muy probablemente no se sostiene y ya se encargará el propio alumno de equivocarse, es decir, de construir su propia verdad, pero esta vez con la conciencia de que no es una verdad universal, sino producto de su propio cuestionamiento.

jueves, noviembre 27, 2008

THANKSGIVING

En mi casa, por razones que no ha lugar, se celebra Thanksgiving o como se traduce en castellano Día de Acción de Gracias. Así en castellano, suena religioso, como si fuera una especie de contrición espiritual con la consiguiente entonación de himnos varios. Nada que ver. En el origen del Thanksgiving se encuentra la raíz de muchas cosas de los Estados Unidos, el do ut des, luego truncado por el salvajismo de unos cuantos, el vitalismo truncado por otros cuantos en estupidez. En resumen la alegría de estar aquí, juntos. Por eso, si bien es verdad, que el 4 de julio es materialmente el día nacional, Thanksgiving es el día del auténtico espíritu. Como cualquier letra de Withman o como los muchos americanos que murieron aquí defendiendo la República Española, con el único premio de contribuir a la libertad. Ese es el auténtico espíritu y no el que nos han querido vender.


La diferencia es que en casa, este año en especial, estamos muy contentos de celebrar Thanksgiving, mucho más contentos de lo normal; incluso podríamos decir que orgullosos.


TURN, O Libertad, for the war is over

W. Withman

viernes, noviembre 21, 2008

DIE DECKE


Se fijó en el techo. Fue desplazando la mirada hacia la lámpara: horrible. Qué fea era esa lámpara por Dios, no tanto por la lámpara en sí, que cumplía como lámpara de pro, su función, a saber: iluminar, cosa que en este momento parecía crucial, ya que según creo recordar, era la primera vez que veía algo en estas circunstancias. La lámpara había sufrido su período de artista conceptual después del atropello de la historia, lo cual se traduce en que le colocó a la lámpara unos cordoncitos de los cuales pendían unas pilas tipo AAA. Vaya chorrada de "intervención", algo así como la confrontación de energías eléctricas. Y ahora que estaba iluminado, algo que siempre le había resultado más interesante que estar a oscuras, ahora que todo se veía, se fijó en el techo.


Siguió desplazando la mirada y sintió un dolor muy agudo, entonces sus ojos se toparon con los de ella. Quizá ella era un poco brusca cuando lo hacía así, pero no se lo diría jamás, prefería sentir un poco de dolor. Sus manos fueron conducidas a unos pechos y recordó que ella le había dicho que no hiciera nada. Decidió, pues, fijarse en el techo y esperar.
Foto: noche en Almagro durante el festival.

miércoles, octubre 08, 2008

PAREDES


Cuando derriban una casa quedan a la vista de todo el mundo que por allí pase, las paredes de las habitaciones colindantes con las casas de al lado. Esto me parece un atentado contra la intimidad de primer orden, aunque quizá por eso, estas paredes me atraen y me subyugan de tal forma que me puedo pasar horas mirándolas, con gran mosqueo del policía de proximidad de turno. He decidido fotografiarlas. La que sale como ejemplo, está en Russafa, es una pared con un papel pintado de esos de los setenta. No es la más paradigmática de las que he visto, pero me gusta. Los chapados de los baños tendrían más atractivo, pero hasta esas cotas de intromisión no quiero llegar. En este sentido, he llegado a ver apliques de baño con un cepillo de dientes y todo. Y es que estas paredes, una vez retiradas sus tres hermanas, han quedado ahí, solas, al descubierto. Estas aparedes que fueron la salvaguarda de la intimidad, ahora están a la vista de todos, suspendidas en el aire, sorprendidas por el sol y las miradas de los transeuntes que intentan ver lo que ellas han visto ¿Qué habrá visto esta pared? Quizá a alguien envejeciendo en un sofá viendo la tele, quiza habrá visto a un niño jugar y luego crecer y lo habrá visto fumar marihuana, lo habrá visto cómo le decía a su madre que era gay, habrá visto a una pareja hacer el amor, habrá visto quizá, hasta un asesinato ¿Qué ven esas paredes?
Están ahí colgadas, como cristos olvidados a los que nadie reza ni confía ya su vida.

domingo, septiembre 21, 2008

EL FINAL DEL VERANO

A: Las ayudas al cine es una desvirtuación del mercado es una intervención inaceptable del estado en un mercado que ha de regularse por sus propias leyes, esto es, la oferta y la demanda y a tomar por culo.
B: El cine no es un producto de mercado sin más, es un producto cultural y conforma, por decirlo asi, una suerte de identidad cultural propia de un país y que el estado debe proteger.
A: Y una mierda. No me vengas con chorradas, ni producto cultural ni pollas, esto es un negocio como la copa de un pino y si abres un negocio y no entra ni dios, cierras y punto.
B: Entonces si se hace una película con tres cuartas partes de la audiencia que Torrente...
A: Se joda, de haberlas, las ayudas del Estado deberían ir hacia aquellas que más se ven, como por ejemplo las de Torrente.
B: Pero no te das cuenta que con esa política de ayuda al cine, el cine español no existiría.
A: Pues mejor, para las mierdas que hacen.
B: ¿Entonces tu propones que el mercado se regule solo, no es así?
A: Sí
B: Respóndeme a otra pregunta ¿Qué es un mercado perfecto? eso lo debes dominar de puta madre como defensor del libre mercado y opositor al intervencionismo estatal.
A: Joder, un mercado perfecto es de primero de carrera: multitud de compradores para multitud de vendedores.
B. ¿Si sólo hubiera un vendedor, no habría mercado?
A. No sería un mercado perfecto, sería un monopolío, como los que te gustan a ti.
B: Sí, sí. Pues eso es exactamente lo que ocurriría si se pone en marcha tu política ultraliberal y ultramercantilista. Si se eliminan las ayudas estatales al cine nacional, habría un sólo proveedor de cine en el mercado, por tanto, sólo un vendedor que haría con el mercado lo que le salga del nardo. En otras palabras un monopolio.
A. Vete a la mierda, eso es absurdo.
B. No es absurdo, es la meta del capitalismo autofagocitarse, igual que ocurrió con el comunismo. Al final, el comunismo y el capitalismo van a ser la misma mierda.
A. Eso no es así, el mercado...
B. Cállate ya, el mercado es una entelequia como los planes quinquenales de los soviéticos. Mierda de mercado que al final ha de llegar el Estado y meter tropecientos millones de euros porque el puto mercado libre nos lleva a todos a la mierda libre.
A. ¿Qué solución propones tú, la revolución?
B. Ni de coña, no propongo nada, lo único que sé es que en Ulan Bator ya hiela esta noche y que el verano se ha terminado, al igual que se termina tu mercado que no funciona.
El Tiempo Ulan Bator